Si necesitaba otra razón para dar prioridad a pasar el día junto a la piscina este verano, ya la tiene. Un estudio reciente realizado en Australia sugiere que los niños que aprenden a nadar a edades más tempranas alcanzan hitos importantes antes que los que no saben nadar. Este estudio analizó a 7.000 niños menores de cinco años que empezaron a nadar a distintas edades. Los investigadores primero preguntaron a los padres sobre los hábitos de natación de sus hijos y luego les presentaron cuestionarios centrados en el desarrollo de sus hijos.
Tras analizar los datos, los investigadores llegaron a la conclusión de que la natación temprana está vinculada al desarrollo temprano de habilidades motoras y cognitivas. Los efectos de aprender a nadar a una edad temprana se observaron por igual en niños y niñas (y se mantuvieron incluso después de tener en cuenta el nivel socioeconómico). Los investigadores sugirieron que los resultados del estudio son importantes porque apuntan a la natación como una actividad con potencial para influir positivamente en el desarrollo del niño.
Si tienes un bebé y te apetece ir a la piscina este verano, echa un vistazo a los consejos que te damos a continuación para que se sienta cómodo en el agua. Quién sabe, tal vez sus primeros chapuzones se traduzcan en una gran inteligencia cuando crezcan.
A muchos bebés les encanta el agua por naturaleza y se conforman con sentarse y chapotear todo el día, pero no todos son así. Si tu pequeño ha manifestado su preferencia por permanecer seco, plantéate ir a la piscina en pequeñas dosis y sentarte con él en tu regazo en un lateral antes de saltar con él en brazos.
Las primeras clases de natación no están diseñadas para enseñar a tu hijo a nadar de espaldas como un profesional. Su objetivo es ayudar a tu hijo a sentirse cómodo, seguro y feliz explorando el agua. Una divertida sesión semanal en la piscina con un profesor experimentado y atento puede preparar a tu pequeño para amar la piscina desde el principio. Las clases de natación también tienen un poderoso factor de protección: un estudio de 2009 demostró que los niños que participan en clases de natación a una edad temprana tienen un riesgo significativamente menor de ahogarse más adelante en la infancia.
Cuando los bebés tienen miedo al agua, tienden a agitar los brazos, dar patadas con las piernas o hacer todo lo posible por agarrarse con fuerza a quien les sostiene. Si tu bebé hace cualquiera de estas cosas, la clave para ayudarle a sentirse cómodo puede ser tan sencilla como abrazarle bien. En lugar de sujetar a tu bebé por debajo de las axilas y extender los brazos hacia fuera, intenta abrazarlo con fuerza contra tu cuerpo de la misma forma que lo harías si estuvieras meciéndolo para que se durmiera o llevándolo escaleras abajo. Si estás en aguas tranquilas, puedes incluso utilizar un cabestrillo acuático. A menudo, cuando el bebé se siente seguro, empieza a relajarse, a apreciar el entorno y a disfrutar del agua.
Los recién nacidos y los bebés aún están aprendiendo a regular su temperatura, por lo que tendrás que estar muy atento a sus señales externas de comodidad cuando estés en el agua con ellos. Mientras que la mayoría de los adultos se sienten cómodos en una piscina climatizada a una temperatura estándar de 78-82 grados, los bebés suelen enfriarse de forma incómoda al cabo de 15 o 20 minutos. Los bebés no aprenderán a amar el agua si se encuentran temblando después de cada visita a la piscina, así que cuando nades, asegúrate de que tu bebé descansa con frecuencia fuera del agua, mantenlo envuelto en una toalla caliente cuando esté en la cubierta y presta atención a los temblores, los labios azules o la piel fría. Son señales de que ha llegado el momento de descansar.
Cuando se trata del agua, la frecuencia genera comodidad. Si quieres que tu bebé aprenda a amar la natación, dale muchas oportunidades de mojarse los pies y asegúrate de no dejar pasar demasiado tiempo entre visita y visita. ¡Disfruta del agua este verano!
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