El fracaso es una herramienta asombrosa. A medida que los niños crecen y maduran, los padres pueden fomentar su independencia permitiéndoles que tomen decisiones, aprendan de ellas, hagan las correcciones necesarias, experimenten el fracaso y el éxito y desarrollen la resiliencia que necesitan para afrontar cualquiera de los retos y obstáculos de la vida. Como dice la cita budista: "Cae siete veces, levántate ocho".
Los fallos se producen de forma natural cuando permitimos que nuestros hijos asuman un papel más activo en sus propias vidas, ofreciéndoles amplias oportunidades de elegir. Los niños pequeños, que no tienen mucha experiencia de la vida, suelen elegir jugar con su juguete favorito en lugar de preparar la merienda o el almuerzo para ir al colegio, lo que les hace tener hambre a la hora de la merienda. El resultado es una experiencia de aprendizaje que les proporciona buena información para el día siguiente y la oportunidad de desarrollar su capacidad de recuperación cuando experimentan un pequeño fracaso.
He aquí 11 maneras de fomentar la independencia a través de probar, fallar y aprender:
1. Enviar a los niños al exterior
A menudo mandamos a los niños fuera cuando decidimos que ya hemos tenido suficiente. Basta de tiempo frente a la pantalla, de juegos bruscos o de lloriqueos porque están aburridos.
En lugar de utilizar el tiempo al aire libre como reacción al hartazgo de algo, sé creativo y dale vueltas. Muéstrales cómo hacías balancines con restos de madera. O mejor aún, deje un montón de madera, clavos y un martillo y vea qué pasa. Si tu hijo es más pequeño, déjale tiempo para jugar en un charco, un montón de hojas o una zona embarrada. Vive una pequeña aventura.
2. Pregunte a los niños
El resultado final no es el objetivo. Lo es el proceso. Como padres, podemos preguntar a nuestros hijos: "¿Qué es lo que nunca has hecho pero te gustaría probar?". Vale, ¡PRUEBA! Después, planifica cómo y cuándo, y simplemente estate ahí, sin hacer comentarios, mientras lo intentan.
3. Empezar poco a poco
Después de pedirlo, tenemos que permitir que nuestros hijos hagan tostadas, sabiendo que eso les llevará a hacer huevos y tortitas algún día. Tenemos que ir más despacio y decirles: pruébalo. Puede que parezcan pequeños, incluso tontos, pero en una cultura que ha creado montañas de miedo en torno a cada experiencia infantil, estos niños (a los que se anima a intentarlo) han comenzado su escalada. Pronto estarán listos para volar.
4. Compartir historias
Cuando miramos a otras personas, a nuestras propias historias de infancia y a las historias de éxito de otros niños, resulta más fácil ponerlo todo en perspectiva. Por ejemplo, Ringo Starr padeció una enfermedad crónica de niño y nunca terminó la escuela; de hecho, pasó muchos años en el hospital.
Es una buena perspectiva pensar que uno de los bateristas más famosos y queridos de la historia descubrió su propio talento mientras tocaba las baquetas para pasar el tiempo en el hospital. Desde luego, no fue un camino perfecto en el que papá y mamá se encargaran de que todo saliera bien, y tuvo bastante éxito por sí solo, ¿no crees?
5. Animar a otros padres
Los padres hablan. Los padres quieren lo mejor para sus hijos. Evite presumir de lo que su hijo puede hacer, sino anime a otros padres a descubrir por sí mismos que sus hijos PUEDEN hacer más de lo que creen.
6. Identifica tus miedos
Después de que tu hijo haya elegido una tarea, es útil que escribas los miedos que tienes. Una vez hecho esto, puede planificar cómo responderá si sus peores temores se hacen realidad. (Ejemplo: Si dejo que mi hijo haga la maleta, se olvidará las botas. Tengo miedo de que en el colegio piensen que soy un mal padre. Plan: Enviaré una nota diciendo que estoy animando a mi hija y que si se olvida las botas, buscaremos la manera de acordarnos de ellas en casa).
7. Conozca los hechos
Después de anotar tus temores, infórmate bien. Si te asustan los grandes "y si...", como el secuestro, averigua las estadísticas reales y planifica en consecuencia. Véase Protecting the Gift, de Gavin de Becker. En resumen: en lugar de descartar una idea, busca otra forma de crear la misma experiencia mediante una planificación y una habilitación alternativas.
8. Suelta
Aquí es donde nosotros, como padres y madres, tenemos que trabajar para desarrollar el hábito de dejar ir. Podemos intentar controlar los resultados y la dirección de nuestros hijos mientras son pequeños, pero a medida que nuestros hijos se acercan cada vez más a abandonar el nido, es imperativo que aprendan y practiquen cómo mantenerse a flote y recuperarse tras los errores y contratiempos. Si obstaculizamos su progreso, ni usted ni su hijo estarán preparados para lo que el mundo real les deparará entre los 18 y los 80 años.
9. Práctica, práctica, práctica
Para que los niños experimenten y adquieran significado y desarrollen resistencia a los baches, los altibajos, los errores y los fracasos que acompañan a todo aprendizaje, necesitarán mucho tiempo de práctica. Y como padres, tenemos nuestra propia tarea de practicar el apartarnos del camino y confiar en nuestros hijos. Ningún padre que yo conozca se levantará un día diciendo: "Muy bien, chaval, esta vez vas por tu cuenta".
Del mismo modo, la mayoría de los niños no se levantarán un día diciendo: "No hay problema, no he entrado en el equipo o me he olvidado la comida, yo me encargo", sin algo de práctica. Los primeros pasos y la práctica son buenos para toda la familia.
10. Llevar la cuenta
Cuando los padres hacen un seguimiento de los esfuerzos y los resultados, queda muy claro que, con el tiempo, estas sencillas tareas suman. También mantienen alta la motivación y demuestran que sí, que los niños se benefician de que nos echemos atrás y nos quedemos callados (coge la cinta aislante) y de que demostremos a nuestros hijos que tenemos fe en sus capacidades para afrontar cosas nuevas y superar los fracasos.
11. 11. ¡Celebra!
Si tu hijo de segundo curso ha hecho huevos por primera vez (después de cuatro intentos fallidos con cáscaras en el revuelto), es un rockstar porque está asumiendo más responsabilidades y lo ha conseguido. Ha superado los fracasos, por mínimos o grandes que nos parezcan. ¡Esto es progreso! Desayuna a lo grande y que sea una celebración.