El viaje de la maternidad está lleno de culpa.
Si trabajas, es porque tienes que dejar a tu bebé con otra persona; pero si no trabajas, es porque no contribuyes. Si tuviste que faltar al trabajo para llevar a tu bebé al médico, pero también si no llegaste a tiempo para la hora del baño porque te quedaste hasta tarde en una reunión. Si decidiste tener un solo hijo, porque no le estás dando un hermano; pero si tuviste varios, es porque a veces no puedes evitar hacer comparaciones. Si les dejas ver la tele, pero también si fuiste demasiado estricta y les prohibiste los dulces. Si estás agotado y te tomas un tiempo para descansar. Si necesitas pedir ayuda. Si te has descuidado porque no tienes tiempo para ti. Si no dedicas tiempo a tu pareja. Si ya no ves a tus amigos...
Quieres tenerlo todo bajo control, pero sientes constantemente que no eres suficiente como madre, como profesional, como compañera, como amiga o como mujer.
Es muy duro. No importa lo que hagamos, esa molesta vocecita parece estar siempre ahí susurrándonos al oído.
Lo primero que tienes que saber es que no estás sola. Todas las madres nos sentimos culpables por una cosa u otra. Esto se debe a las expectativas sociales y culturales que han construido este concepto de la "mujer maravilla", donde se espera que seamos multifacéticas y tengamos habilidades excepcionales para equilibrar nuestra vida personal, familiar, laboral y social, siempre con una actitud positiva. Por si fuera poco, las redes sociales nos presentan imágenes idealizadas de la maternidad, donde todo parece fácil y perfecto.
Ya es suficiente. Deja de intentar cumplir expectativas poco realistas. Deja de idealizar la maternidad y de minimizar los retos que también representa. Deja de tener miedo a decir la verdad. Deja de vivir con la culpa cuando probablemente lo estás haciendo muy bien.
Entonces, ¿cómo gestionar este sentimiento? He aquí algunos consejos que pueden ayudar:
Reconocer la culpa
No lo niegues ni lo reprimas. Validar y reconocer lo que sientes es el primer paso para desactivarlo. Es una emoción completamente normal que todas las mamás, sin excepción, hemos sentido alguna vez. Identifica qué te hace sentir culpable y de dónde viene. ¿Sientes que no estás a la altura de tus propias expectativas o de las de los demás? ¿Son realistas esas expectativas? Enfrentarte a la culpa te ayudará a racionalizar tus emociones, a ganar en claridad emocional y a disminuir su poder sobre ti.
Permítase ser imperfecto
Cuando mis pequeños lloran porque algo no sale bien (como ponerse los zapatos), les recuerdo que es muy raro que algo salga perfecto al primer intento y que debemos intentarlo muchas veces para mejorar, pero lo importante es seguir intentándolo. También deberíamos recordárnoslo a nosotros mismos. Nadie nació sabiendo ser madre; aprendemos por el camino. Todas cometemos errores, y aunque hay días en los que las cosas no salen como nos gustaría, lo importante es seguir intentándolo y aprender de nuestros errores. Eso es lo que nos ayuda a crecer y a ser mejores. Permítete ser humano y reconoce que no pasa nada por no ser perfecto.
Deja de compararte
Tú no eres perfecta, pero esas madres a las que admiras y crees que lo hacen mejor que tú tampoco lo son. ¿Tu vecina tiene tres hijos y dos perros, y te preguntas cómo su casa está siempre tan ordenada? ¿Tu colega tiene gemelos, pero no sólo tiene un aspecto inmaculado, sino que además llega siempre 15 minutos antes a la oficina? Todo es cuestión de percepción. No conoces toda la historia. Seguro que hay otros aspectos con los que luchan, como todo el mundo. Además, hay facetas tuyas que también son dignas de admiración.
Establecer prioridades
Acepta que no siempre lograrás el equilibrio perfecto, así que es mejor establecer prioridades claras que te permitan tomar decisiones que te ayuden a sentirte más tranquilo. ¿Qué es lo verdaderamente importante para ti y para tu familia? Si ser una mamá presente es tu prioridad número uno, no te sientas mal por pedir tiempo libre en el trabajo para asistir al festival de tus hijos. Sí, puede que algunos compañeros no lo entiendan, pero piensa en cómo se sentiría tu pequeño si viera que no estás allí. ¿Qué te genera menos culpa? ¿Qué le hace sentirse mejor? Tomar decisiones que se alineen más con tus valores y con lo que te aporta paz te ayudará a reducir los sentimientos negativos.
Hablemos de ello
Simplemente hablar del elefante en la habitación ayuda a reducir el estrés. Ya sea con tu terapeuta, tus amigos o en grupos de apoyo, poder desahogarte y hablar abiertamente de cómo te sientes contribuye a aliviar esa carga emocional. Hablar con otras madres te llevará probablemente a descubrir que muchas de ellas pasan por experiencias similares a las tuyas. Recibir ayuda profesional te proporcionará valiosas herramientas para gestionarlo. Es realmente liberador sentirse validada, escuchada y comprendida.
Respire
La respiración es una estrategia muy poderosa para combatir sentimientos como la culpa, el estrés y la ansiedad. Cuando puedas tomarte un descanso rápido o estés desplazándote por TikTok, deja el teléfono a un lado, siéntate en un lugar cómodo y cierra los ojos. Inhala lentamente por la nariz durante cuatro segundos, aguanta la respiración durante cuatro segundos y exhala suavemente por la boca durante cinco segundos. Repite este ciclo cinco veces, concentrándote en la sensación del aire y relajando el cuerpo con cada exhalación. Físicamente, estarás estimulando tu sistema nervioso, oxigenando tu cerebro y reduciendo la tensión muscular. Pero también estarás centrando tu mente en el aquí y ahora. Este es un excelente primer paso para el autocuidado.
Sé amable contigo mismo
Trátate como tratarías a un amigo que está pasando por lo mismo. Deja de criticarte y permítete actividades sencillas siempre que puedas, como darte un baño largo, tomar un café con una amiga por teléfono, pedirle a tu hermana que cuide a tu bebé durante una hora para que tú puedas echarte una siesta o cualquier cosa que te haga sentir mejor y te recargue de energía. No estás siendo egoísta; estás pensando en ti, y eso es bueno para tus hijos, tu pareja y todos los que te rodean.
En conclusión, acepta ser tú mismo, reajusta tus prioridades y reevalúa tus expectativas. Recuerda todo lo que has aprendido y agradece el viaje que has emprendido. Cada vez que esa vocecita empiece a susurrarte al oído, recuérdale que eres una madre que hace todo lo que puede. Mientras tus hijos estén cuidados, nutridos y amados, no hay nada de qué sentirse culpable. Eres más que suficiente y estás haciendo un gran trabajo.



