Bienestar

Los niños emocionalmente sanos tienen estas 6 cosas en común

niña feliz con vestido azul saltando en la cama

Los niños emocionalmente sanos son capaces de afrontar con eficacia los retos de la vida y los que han desarrollado sus habilidades de regulación emocional suelen tener relaciones más fáciles y mejores. La regulación emocional se ha asociado a muchos resultados positivos, pero ¿cómo saber si su hijo está emocionalmente sano o en camino de estarlo? He aquí algunas características de los niños emocionalmente sanos.

1 | Los niños emocionalmente sanos son conscientes de sus emociones

Un niño emocionalmente sano es aquel que ha aprendido a identificar sus emociones. Es capaz de distinguir las distintas emociones e identificar lo que siente. Enseñar a los niños a identificar sus emociones utilizando estrategias adecuadas a su edad es el primer paso para ayudarles a desarrollar su inteligencia emocional.

2 | Los niños emocionalmente sanos son conscientes de las emociones de los demás

Vayamos donde vayamos, miremos donde miremos, encontraremos emociones. Un niño emocionalmente sano es capaz de identificar las emociones de los demás. En otras palabras, puede describir con precisión los sentimientos de otras personas mirándolas o por el tono de su voz. Las oportunidades para enseñar a los niños a identificar las emociones de los demás abundan. Por ejemplo, ayudarles a describir con precisión las emociones que aparecen en un libro que están leyendo puede ayudarles a ser más conscientes de las emociones de los demás.

3 | Los niños emocionalmente sanos son empáticos

Freud pensaba que los niños eran demasiado egocéntricos para preocuparse por los sentimientos de los demás. Se ha demostrado repetidamente que estaba equivocado. Ya a los dos años, los niños son capaces de mostrar comportamientos relacionados con la empatía. Por ejemplo, pueden mostrar preocupación o dar abrazos a personas que parecen afligidas. Cuando ayudamos a nuestros hijos a cultivar la empatía, también les ayudamos a desarrollar sus habilidades de regulación de las emociones.

4 | Los niños emocionalmente sanos saben qué desencadena sus emociones

Aunque todos nacemos con algunas emociones preconcebidas en el cerebro, muchas otras las aprendemos de nuestras experiencias y contextos sociales y culturales. La manifestación de emociones fuertes por parte de un niño refleja su reacción emocional ante una situación concreta. Por ejemplo, un niño al que tiran al fondo de la piscina para enseñarle a nadar puede sentirse ansioso o asustado todos los viernes si tiene natación los viernes. Dependiendo de la situación, esta ansiedad también puede desencadenar otras emociones, como la vergüenza. Un niño emocionalmente sano sabe qué desencadena sus emociones y, por tanto, es más capaz de identificar las formas adecuadas de afrontar las situaciones que le provocan emociones. Por ejemplo, sabe de qué situaciones debe alejarse y cuáles debe aprender a afrontar.

5 | Los niños emocionalmente sanos desarrollan técnicas que les ayudan a afrontar las emociones fuertes

El objetivo final de ayudar a los niños a desarrollar habilidades de regulación emocional es ayudarles a aprender a gestionar sus emociones por sí mismos. No siempre podemos estar ahí para ayudar a nuestros hijos a manejar sus emociones, por eso es importante proporcionarles un marco adecuado en el que puedan aprender a manejar sus emociones por sí mismos. Un niño emocionalmente sano sabe identificar los síntomas de las emociones fuertes - palmas sudorosas, latidos rápidos del corazón - y qué hacer para calmarse - ir a un lugar tranquilo, montar en bicicleta, colorear un mandala. En otras palabras, un niño emocionalmente sano no necesita que estés ahí para reaccionar adecuadamente a sus emociones.

6 | Los niños emocionalmente sanos saben que las emociones son normales

Los niños emocionalmente sanos no se avergüenzan de sus emociones y saben que son válidas. Saben que sus emociones son normales y que todo el mundo tiene emociones. Un niño emocionalmente sano sabe que, aunque no pueda evitar o controlar las situaciones que le provocan emociones, puede controlar cómo reacciona ante ellas. Ayudar a los niños a desarrollar su inteligencia emocional es un proceso en tres fases que implica ayudarles a identificar las emociones, guiarles para que identifiquen sus desencadenantes y proporcionarles un marco adecuado que les ayude a aprender a afrontar esas emociones por sí mismos.

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