Pocos momentos clave en la crianza de los hijos conmueven tanto como la primera despedida. Ya sea el primer día en la guardería o dejar al pequeño con un familiar de confianza por primera vez, la ansiedad por la separación puede aparecer rápidamente tanto en el niño como en el cuidador principal.
Comprender estos sentimientos por ambas partes puede ayudar a tu familia a superar esta etapa con confianza y con el menor estrés posible.
¿Cuándo empieza la ansiedad por separación?
La ansiedad por separación es una etapa natural y saludable en el desarrollo de tu pequeño. Suele aparecer entre los 6 y los 18 meses de edad, una vez que el niño desarrolla la permanencia de los objetos , es decir, la comprensión de que las personas y las cosas siguen existiendo aunque no se vean.
A medida que los niños pequeños empiezan a comprender este concepto, también reconocen a sus padres o cuidadores principales como su base segura. Cuando esa base segura se aleja, aunque sea por un momento, puede resultar inquietante. Desde un punto de vista evolutivo, esta respuesta ayudaba antiguamente a los niños pequeños a mantenerse a salvo mientras aprendían a explorar su entorno. Aunque las reacciones intensas ante la separación (como llorar, gritar o aferrarse) pueden ser difíciles de presenciar, son una señal de que su hijo ha desarrollado un vínculo afectivo sano.
La ansiedad por separación desde la perspectiva de los padres
A menudo nos centramos en la experiencia del niño cuando hablamos de la ansiedad por separación, pero los padres también pueden experimentar sentimientos difíciles. Para muchos cuidadores, especialmente para los padres primerizos, separarse de su hijo puede resultar abrumador. Dejar de tener el control sobre el entorno directo o las necesidades inmediatas de su pequeño puede dar miedo. Este cambio puede provocar sentimientos de culpa, preocupación e incluso síntomas físicos.
Aunque a menudo se habla de la ansiedad por separación materna —sobre todo debido a los cambios hormonales posparto—, cualquier cuidador principal puede experimentar estos sentimientos. Y, al igual que la ansiedad de los niños, merece compasión y apoyo.
En Kiddie Academy®, abordamos las transiciones con un propósito: fomentar la confianza al tiempo que cultivamos un fuerte sentido de pertenencia. Entendemos que una conexión significativa es fundamental para el desarrollo integral del niño, ya que determina cómo establece relaciones y se comunica con los demás. Nuestro personal educativo, debidamente formado, crea entornos cálidos y acogedores en los que los niños se sienten seguros, capaces y apoyados, al tiempo que proporciona tranquilidad a los padres.
Cómo facilitar la transición — para todos
Lo más importante que hay que recordar es lo siguiente: nuestros pequeños se guían por las señales emocionales de los adultos en quienes más confían. Eso no significa que no debas sentirte ansioso. Simplemente significa que debemos gestionar esos sentimientos de forma reflexiva y consciente cuando estamos con ellos. Los niños acuden a nosotros en busca de tranquilidad, y nuestra confianza y serenidad les ayudan a creer que están a salvo.
A continuación te ofrecemos algunas estrategias que te ayudarán a facilitar la transición:
Empieza poco a poco:
Practica separaciones breves, como una visita rápida a la tienda o una comida con un amigo. Aumentar poco a poco el tiempo que pasáis separados refuerza la confianza tanto del padre o la madre como del niño. Incluso juegos como el «cucú-tras» pueden ser una forma estupenda de preparar a tu bebé para la separación.
Haz que las despedidas sean breves y previsibles:
Tener un ritual de despedida rápido y seguro —como un abrazo o chocar los cinco— ayuda a los niños a saber qué esperar de su rutina. Aunque quedarse demasiado tiempo puede prolongar involuntariamente la angustia, marcharse sin decir adiós puede resultar aún más inquietante. Salir a hurtadillas puede parecer más fácil en ese momento, pero puede generar confusión y ansiedad, lo que podría llevar a tu pequeño a preocuparse por si vuelves a desaparecer. Una despedida clara y coherente les tranquiliza, ya que les confirma que siempre les avisarás cuando te vayas y que volverás.
Mantente ocupado:
Cuando tu pequeño no esté, dedícate a algo que te mantenga ocupado: trabaja, lee, sal a dar un paseo o empieza a practicar algún pasatiempo. Tener una rutina puede reducir el estrés innecesario. Quédate tranquilo sabiendo que, seguramente, la persona que cuida a tu hijo también le estará ofreciendo actividades divertidas para mantenerlo entretenido.
Hablemos de ello:
No estás solo: compartir tus sentimientos con amigos de confianza, familiares u otros padres puede ayudarte a ver la situación con más naturalidad. Asegúrate también de hablar con tu hijo, independientemente de su edad, como parte del proceso, y recuérdale que «mamá y papá siempre vuelven».
Cada despedida, cuando se afronta con intención y amor, ayuda a preparar a tu hijo para una vida llena de relaciones seguras y de exploración con confianza. Porque cuando nuestros pequeños reconocen su propia fuerza y resiliencia, la separación se convierte en un peldaño, no en un revés.



