Con la llegada del buen tiempo, es el momento perfecto para reflexionar sobre cómo podemos ayudar a nuestros hijos a establecer una mayor conexión con el mundo natural. En Academia Infantil®, nos dedicamos a inculcar los valores de la buena ciudadanía y el aprecio por el mundo, y ¿qué mejor manera de construir estas cualidades que fomentando el tiempo al aire libre?
En la actual era digital, es fácil que los niños -y los padres- se vean absorbidos por las pantallas. Pero cuando sale el sol, ¡hay que hacer un esfuerzo en familia para dejar a un lado las tabletas! Pasando tiempo juntos al aire libre, las familias pueden activar sus sentidos, explorar su entorno y establecer auténticos vínculos con el medio ambiente y entre sí, al tiempo que experimentan la belleza y la alegría de la naturaleza.
Conexión con la Tierra a través de la toma de tierra
Una de las formas más sencillas, y a la vez más poderosas, de que su hijo se relacione con la naturaleza es a través del grounding, o la práctica de caminar descalzo sobre la tierra. Cuando los niños se quitan los zapatos y sienten la hierba, la tierra o la arena bajo sus pies, no sólo disfrutan de una divertida experiencia sensorial. Esta conexión con la tierra es una forma de atención plena que les ayuda a concentrarse y calmarse. Anímales a sentir el suelo entre los dedos de los pies y a respirar lentamente. Mediante la respiración consciente y la sensación de estar enraizados en la tierra, los niños pueden reorientar su atención y sentirse más centrados. Se ha demostrado que esta práctica mejora el humor y reduce el estrés, ayudando a tu pequeño a sentirse más relajado y conectado con el mundo que le rodea.
Mejorar el sueño jugando al aire libre
Los beneficios de estar al aire libre van mucho más allá de la diversión y el aire fresco. Pasar tiempo al aire libre puede ayudar a mejorar el sueño de tu pequeñoque es crucial para el desarrollo general del niño. La exposición a la luz natural ayuda a regular el ritmo circadiano del niño, o reloj corporal interno que nos indica cuándo es hora de levantarse o acostarse, lo que facilita las siestas y la noche. El juego al aire libre también fomenta la actividad física, como correr y saltar, lo que no sólo potencia su forma física sino que ayuda a cansar a tu pequeño de forma saludable. Estar activo libera endorfinas, que pueden liberar el estrés y ayudar a tu hijo a sentirse relajado y preparado para la hora de acostarse.
Está bien ensuciarse un poco
En un esfuerzo por proteger a nuestros bebés de los gérmenes y la suciedad, a veces olvidamos la importante lección que nos enseña la naturaleza: ¡la suciedad puede ser buena para ti! Jugar en la tierra refuerza el sistema inmunitario y ayuda a los niños a desarrollar una resistencia sana a las infecciones comunes. Además, ensuciarse estimula la curiosidad natural de los niños. Cuando escarban en la tierra o se revuelcan en la hierba, no sólo se divierten, sino que aprenden cómo funcionan los ecosistemas y la importancia de preservar el medio ambiente.
Las voces externas son saludables
Cuando los niños están al aire libre, suelen hablar alto, ¡y eso hay que fomentarlo! De hecho, un niño ruidoso es un niño feliz. Gritar, reír y expresar entusiasmo forman parte del juego al aire libre. Los niños pequeños no han aprendido a regular la excitación, y sus voces altas son a menudo un reflejo de felicidad y compromiso con el mundo que les rodea. Celebremos su entusiasmo, ya que estas expresiones vocales ayudan a su pequeño a desarrollar la regulación emocional y la confianza para expresarse libremente.
Fomentar la imaginación y el desarrollo mediante la exploración no estructurada
La exploración no estructurada es uno de los aspectos más importantes del juego al aire libre. Cuando los niños tienen libertad para deambular y explorar bajo la atenta mirada de un cuidador -sin horarios fijos ni actividades estructuradas-, tienen la oportunidad de seguir sus intereses, despertar su imaginación y pensar de forma creativa. Ya se trate de simular que son astronautas en un nuevo planeta o un chef que prepara una tarta de barro, el juego no estructurado alimenta la imaginación. Este tipo de juego también mejora la autorregulación y fomenta la independencia, ya que los niños aprenden a entretenerse y a tomar sus propias decisiones sobre qué hacer a continuación.
El aire libre es algo más que un patio de recreo, es un aula llena de lecciones de la vida real. Permitir que los niños experimenten la alegría de estar al aire libre corriendo descalzos, ensuciándose, alzando la voz y explorando libremente les proporciona las herramientas que necesitan para crecer y convertirse en personas empáticas, seguras de sí mismas y responsables. Estas experiencias no sólo conforman su infancia, sino que les guiarán para convertirse en guardianes del planeta y en ciudadanos reflexivos y comprometidos. Así pues, salgamos al exterior y aceptemos el desorden, el ruido y la diversión, al tiempo que creamos una generación que comprende la alegría y la importancia de conectar con el mundo que les rodea.



